Foto: Acorn Magazine

Cédric Grolet est né le 26 août 1985 à Firminy à côté de Saint-Étienne, Cédric Grolet est  depuis 2012 Chef Pâtissier de l’hôtel Meurice.

Dès la fin de ses études en pâtisserie, il commence à se distinguer dans de nombreuses compétitions.

À son arrivée à Paris en 2006, Cédric Grolet rejoint les équipes de chez Fauchon où il restera 5 ans. Il accompagne  les chefs Christophe Adam, Benoit Couvrand et Christophe Appert,  aux quatre coins du monde pour assurer la formation du personnel des nouvelles boutiques Fauchon. Au bout d'un an, il accède en parallèle au poste convoité de Recherche et Développement.

En 2011, Cédric intègre Le Meurice en tant que sous-chef et devient rapidement Chef Pâtissier. Après avoir été élu en 2015, Meilleur Chef Pâtissier de l'année par le magazine Le Chef, il reçoit l'année suivante le Prix Relais Desserts du Meilleur Chef Pâtissier 2016. Cédric a également reçu la distinction de Meilleur Chef Pâtissier à la cérémonie des Trophées de la Gastronomie et des Vins à Lyon en 2016 et le Prix du Pâtissier de l'année au festival Omnivore.

L'année suivante, il est sacré meilleur chef pâtissier de restaurant du monde à New York.

Il ouvre sa première boutique, située dans l'hôtel Meurice, en 2018.

Desea promover una cocina dulce más sana.

El joven repostero francés Cedric Grolet, distinguido en Bilbao (norte de España) esta semana con el galardón de mejor chef pastelero del mundo dentro de los premios The 50 Best, dejó clara su apuesta por la fruta y los productos de alta calidad para hacer que los postres sean "más saludables".

En una entrevista con Efe, Grolet, nacido hace 32 años en un pequeño pueblo francés en la región de Auvernia-Ródano-Alpes, expresó su "preocupación" por conseguir una cocina del dulce saludable y se mostró "encantado" con el premio recibido, ya que es un reconocimiento inesperado "y más para alguien tan joven" como él.

Y asegura que, en sus creaciones culinarias, le gusta trabajar preferentemente con las frutas porque es un producto que cambia cada temporada, "lo que obliga a reinventar postres nuevos en cada estación del año", y porque sus texturas y colores le permiten dar rienda suelta a su creatividad artística y crear esculturas y formas con ellas, algo que le "apasiona".

 

Cuestionado por el reto que afronta la repostería moderna por la tendencia hacia una gastronomía saludable con menos grasas y azucares, y por las intolerancias alimentarias como la celiaquía, Cedric Grolet, quien ha sido mano derecha de uno de los grandes cocineros franceses, Alain Ducasse, se confiesa "muy preocupado" por hacer una pastelería "saludable".

Aunque esta cuestión no afecta mucho a sus creaciones al ser la fruta el ingrediente fundamental de las mismas, sí procura utilizar productos de alta calidad como la miel o el azúcar moreno de caña, "porque son mejores para la salud y dan más gusto a los postres", y evitar los azúcares blancos refinados.

Grolet precisa que, evidentemente, no puede prometer que con sus postres no se pueda engordar, "aunque va a ser solo un poquito", y considera que el consumo de postres es "como todo; cuando hay exceso, no es bueno para la salud", por lo que está "muy preocupado por hacer postres más saludables con productos de la mejor calidad".

"La base es utilizar productos de buena calidad, porque aportan sabores más intensos, y evitar los productos procesados", asegura.

De hecho, pasa más tiempo buscando una buena materia prima que creando postres nuevos.

El conocido en el mundo internacional de la repostería como 'El principito' (el personaje del libro de Antoine de Saint-Exupéry) por su prometedora trayectoria en la cocina del dulce, que procede de una familia de restauradores, cuenta que se interesó por la gastronomía desde pequeño al tener en casa a un abuelo dedicado a la restauración.

Su llegada al mundo de la repostería fue, para él, algo natural, según explicó, dada su pasión por los colores, heredada del segundo de sus abuelos, que era pintor de profesión, y por el deseo de crear cosas nuevas cada vez, elementos con los que puede jugar en su actividad repostera.

"La pastelería, en cierta medida, es como la pintura, por lo que para mí fue algo natural llegar al mundo de la repostería", señaló.

Aunque defiende que no puede haber una buena comida sin un buen postre que la culmine, reconoce que "todas las experiencias en la comida son importantes: la música, el vino, el trato personal aunque el postre es muy importante", subraya.

Preguntado sobre si la importancia de la repostería está suficientemente reconocida en el mundo de la alta cocina, el nuevo mejor chef pastelero del mundo mantiene que no lo está y que esa es actualmente una de sus "peleas: poner a los reposteros al mismo nivel que los grandes chefs".

"Es una realidad que los reposteros somos menos reconocidos que los grandes cocineros y yo estoy haciendo todo lo posible, utilizando las redes sociales para ello, para conseguir que tengamos el mismo reconocimiento", concluye.

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